Un mentor, pero sobre todo un amigo

Esta semana no os voy a poner ninguna entrevista, más bien os voy a contar una experiencia del juego y ésta es mi comienzo por el WoW.

Como os dije, no era una fanática del juego; es más, cuando mi hermano me enseñó a jugar me creé un personaje que en una de sus primeras misiones se quedó atrapada detrás de unos árboles, pero claro, no sabía que existía la piedra del hogar, así que borré el personaje y volví a empezar. ¿Qué paso? Pues que era tan inteligente que en otra misión, no me preguntéis qué hacía, terminé cayéndome de un árbol y acabé en vete tú a saber dónde. El problema fue que cuando intentaba resucitar no me encontraba y como tampoco sabía que podía resucitar directamente en el cementerio me volví a borrar.

Sí señores, este es mi patético comienzo en el WoW. Y por fin, después de estos intentos fallidos con las elfas de la noche, me cambié a la humana. Me fue mejor pero me aburría como una lombriz, así que me volví a hacer una elfa de la noche y ya sí fue la definitiva y con la que he jugado casi todo el tiempo.

Si sumamos que mi hermano me echaba del ordenador para jugar él, y que a mí tampoco me atraía una barbaridad, es normal que subiera a cuentagotas y no tuviera ninguna conversación fluida con alguien del juego, por ello hasta que no conocí verdaderamente a alguien, me integrara en su hermandad y tirara de mi, no empecé a tomarme en serio el juego.

Una noche, haciendo misiones en los alrededores de una ciudad me encontré a una elfa llamada Teneres, éramos nivel 11 y 12 y por ello nos ayudamos y nos añadimos como amigas, pero no hablábamos. Pasaron los meses, y todas las veces que entraba esa tal Teneres estaba por niveles que para mi eran imposibles.

Un día, aquellos en los que la gente estaba pegada más al Messenger que a otra cosa, había un error y no me dejaba entrar, quería saber si me pasaba sólo a mi u a otra gente, por ello entré en el juego, pero ¿a quién le preguntaba?

Estaba por Auberdine, en el puerto esperando un barco y de repente vi que una elfa de pelo blanco que me resultaba muy conocida pasó por mi lado, era ella, Teneres. ¡Vaya casualidad! Le pregunté y empezamos a hablar, lo mejor fue cuando me enteré que no era un “ella” sino un “él”, y ese chico se convirtió en mi salvación.

Me integró en su hermandad, me compró armaduras, monturas, armas, etc., me ayudó en las misiones, en las mazmorras y me enseño a luchar. Se podría decir que fue todo un mentor para mi, además de convertirse en un gran amigo.

Gracias a él subí de nivel y conocí a muchas personas, le debo mucho a ese chico; sin embargo, lo mejor que me dio fue su amistad y aunque se fuera del juego seguíamos hablando.

Ha pasado mucho tiempo desde la primera vez que hablamos y después de cinco años por fin, conocí a este individuo. Cuando nos vimos fue como si le hubiera visto toda la vida, hablábamos igual, hacíamos las mismas tonterías y en ese momento me di cuenta de que el juego no sólo es un entretenimiento, es mucho más.

Acerca de agonher

Soy una estudiante de Comunicación Audiovisual de la Universidad Complutense de Madrid que le apasiona el mundo de la poesía y la creatividad que hace que florezcan letras en un medio de expresión.

Publicado el 19/04/2011 en Archivos añejos y etiquetado en , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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