La ocarina de la nostalgia

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Hace unos meses vi un vídeo sobre The Legend of Zelda del youtuber Egoraptor que me encantó, muchos conoceréis a este mozo por sus geniales animaciones (muchas de ellas fandubeadas al castellano por Baxa), pero además tiene varios vídeos (llamados Secuelitis) en los que analiza varias sagas míticas como Castlevania o Megaman y compara entre secuelas, sacando a relucir los aciertos y errores entre ellas.

En este vídeo en concreto se centraba en Ocarina of Time y A Link to the Past, comparando entre los dos y dando su opinión sobre cuál era su entrega favorita de entre las dos. Lo interesante es que, realmente, lo que se estaba librando en dicho vídeo era un duelo entre los Zelda 3D y los 2D. Es una reflexión que me ayudó a ampliar mi visión sobre no solamente la saga del tipejo de verde de Nintendo sino sobre los videojuegos en general. Es por ello que os lo recomiendo encarecidamente, aunque están en inglés, así que os haré “el favor” (no quiero sonar arrogante) y os haré un resumen de lo que más me gustó sobre las reflexiones tomadas en dicho vídeo, además de dar mi opinión personal, por supuesto.

Lo que más me gustó fue la de palos que se llevó Ocarina of Time, y no es que disfrute viendo como un juego mítico es arrojado al barro, pero me encanta que alguien sea lo suficientemente crítico como para mirar por encima de la nostalgia y de la mitificación, algo que hace mucha falta en la industria. Admitidlo, fans incondicionales de Ocarina, estáis empapados de nostalgia. No es algo malo, a mí me pasa lo mismo con muchos juegos, pero es sin duda un factor que, no es que empañe nuestra visión, es que directamente nos ciega, a menos que queramos abrir ojos.

Bien, pero lo que queréis saber es por dónde van los palos ¿No? Pues bien sencillo, Ocarina of Time era un juego que ante todo quería enseñar músculo, exprimir las 3D hasta los huesos, y eso consiguió que no nos diéramos cuenta de lo que se resintieron las mecánicas de juego. Ocarina supo jugar sus cartas con una maestría brutal, eso es innegable, consiguió resultar una revolución, un punto de inflexión dentro de los videojuegos, flipar a los jóvenes usuarios de una Nintendo 64 y que, ante tanto hype, se vieran completamente incapaces de resultar plenamente críticos con lo que tenían entre manos.

 Zelda 2

Porque claro, pasa tú de un A Link to the Past, con ese mundo dividido en parcelas cuadradas, a un Ocarina en el que nada más salir del bosque Kokiri encuentras un lejano y bello horizonte al que, efectivamente, puedes alcanzar tanto corriendo como, lo que ya fue un flipe absoluto, en yegua. No veáis lo que alimenta eso la nostalgia, la locura de una era donde el 3D lo era todo, hasta el punto de terminar con la barriga tan llena que sinceramente no teníamos ni ganas plantearnos si esto era mejor o peor que lo que vimos en SNES, porque era tan acojonantemente brutal que las imágenes hablaban por sí solas.

Craso error, y aquí comienza el desfile de palos, porque Ocarina of time es uno de esos juegos que viven de su época, independientemente de lo bueno que sea, que eso también es innegable, es un buen juego. Antes de empezar, aclarar que llevo diciendo todo este tiempo “vimos”, “flipamos”… Pero realmente yo no jugué al Ocarina en su tiempo, de hecho nunca tuve una Nintendo 64 (con el tiempo he tenido la oportunidad de jugarla en varias ocasiones, eso sí), es decir, que jugué al remake de 3DS, así que no hablo sin saber, que es adonde quiero llegar. También he jugado a varios Zeldas en 2D, claro, de hecho hace poco me pasé el maravilloso A Link between Worlds.

Zelda 1

Vale, comencemos. El juego es muy lento, a veces hasta desesperante, y todo por el simple hecho de ser lento. Me explico: Entras a una sala nueva y… escenita de vídeo con Link entrando y mirando a su alrededor. Abres un cofre… escenita de vídeo con Link flipando en colores y sacando el objeto de turno. Igual con los combates, la mayoría no exigen nada de habilidad, es simplemente esperar a que el enemigo ataque y entonces responder. Esperar, esperar y esperar. Nada que ver con los Zelda en 2D, que lo hacían todo mucho más rápido, algo que en mi opinión mejora la experiencia, haciéndola más ágil, agradable y divertida. Parece una chorrada pero no lo es en absoluto, se nota una barbaridad y una vez en caes en todos esos detalles que te hacen esperar termina por, como he dicho antes, llegar a desesperar. Esto era una pasada en su tiempo, pero no le hacía muchos favores al ritmo del juego.

Ahora vamos con los puzles de las mazmorras, que parecen más un “encuentra a Wally” que un verdadero reto intelectual. Aquí entra en juego la obsesión con el 3D, que nos obligaba a, una vez entrábamos en una sala nueva, poner la vista en primera persona y fijarnos en cada rincón para ver si encontrábamos algo. Si os fijáis, muchos de los “puzles” consistían en encontrar algo a lo que disparar, algo que coger o algo que derrotar. La información de cada sala y de las mazmorras se encontraba muy dispersa y la recibíamos a una velocidad muy baja, alargando puzles que realmente eran de lo más sencillos y directos. Es más, fijémonos en el famoso templo del agua, realmente no es que el reto que plantea sea complicado, es que la estructura de la mazmorra es tan enreversada y nos obliga a dar tantas vueltas que al final terminamos confusos, liados, y eso es lo que termina por atascarnos en ella, no el hecho de que nos cueste resolver el enigma.

Zelda 3

En los Zelda en 2D, sin embargo, es muy distinto. Cuando entramos en una sala recibimos prácticamente toda la información de golpe, todas las cartas sobre la mesa desde el primer segundo, todas las piezas del puzle listas para que tú te dediques a resolverlo. En Ocarina es distinto, el reto no consiste en resolver el puzle, sino en encontrar las piezas que lo forman.

Podemos entrar en temas de gustos, por supuesto, pero sinceramente, la experiencia de juego de un Zelda en 2D me resulta más satisfactoria, directa, rápida, inteligente y adictiva. No significa que los Zelda en 3D sean malos juegos, por favor, ni de coña, son grandes juegos, pero no me parecen tan buenos ni tan magistrales como muchos los pintan, especialmente el Ocarina.

Es un juego de su tiempo, lo entiendo, fruto de una revolución como fue la del 3D, título que daba sus primeros pasos en este formato tridimensional. En mi opinión no ha envejecido muy bien, y de hecho hablo de la Nintendo 64 en general. Es una consola que siempre me ha parecido de transición, muy anclada a su época, poco atemporal. Muchos de sus juegos a día de hoy son muy toscos, en todo, tanto gráficamente como a la hora de jugar. En su tiempo fue la leche santa, claro, lo entiendo y lo respeto, pero seamos sinceros, se le notan los años, muchísimo. Algo que no le pasa, por ejemplo, a la SNES, consola que en mi opinión ha aguantado el tipo a lo largo de los años mucho mejor que la 64, gracias a esos maravillosos sprites que tan bonitos quedan, por mucho que pasen los años, con esas mecánicas tan directas, sencillas y precisas.

Zelda 4

No quiero que penséis que la Nintendo 64 y que juegos como Ocarina of Time o Mario 64 me parecen malos (joder, MI IMAGEN DE ENCABEZADO), porque no es así, de hecho les debemos mucho y les guardo mucho respeto y admiración por lo valientes que resultaron y por el cambio que establecieron. Pero claro, una vez pasa el tiempo es más que interesante recuperarlos y ser críticos, sinceros, dejar a un lado la nostalgia. No quita que disfrutes de ellos como el primer día, que su magia siga estando ahí y que los sigas amando como el primer día, pero una cosa no quita la otra y es importante ser honestos.

Así que… Poco más que decir, señoría, eso es lo que más me interesaba destacar de los puntos que presentaba el amigo Egoraptor, que en mi opinión son los que realmente palidecían en comparación a las entregas en 2D. He querido ceñirme al Ocarina, pero si lo pensáis se puede extrapolar a muchos Zelda en 3D, como el océano en Wind Waker, por ejemplo, una ilusión para hacernos pensar que el mundo que explorábamos era más grande que lo que realmente era.

Espero que entendáis mi punto de vista y que os guardéis los tomates, ya sabéis que estoy aquí para ofrecer una segunda opinión, para romper la tónica general y atreverme a, siempre con algo de fundamento, ir en contra de la opinión reinante. Para que penséis, para que le deis vueltas, para incentivar un pensamiento más crítico. UN MESÍAS, VAYA.

En fin, creo que se me ha subido un poco a la cabeza, así que… Pues eso, que por esta vez ya he tenido todo lo que quería decir. Nos leemos dentro de dos semanas y…

¡Nos vemos en el siguiente nivel!

Publicado el 15/09/2014 en 2ª opinión desbloqueada y etiquetado en , , , , , . Guarda el enlace permanente. 2 comentarios.

  1. Yo también vi el vídeo de Egoraptor y he de decir que me encantó. Nunca he sido un fan de la saga y, para mi desgracia, conozco muchos fanboys del elfo rubiales. Agradezco que alguien le dedique un minuto de pensamiento crítico a esas supuestas leyendas intocables del videojuego, porque si no seguiríamos estancados en los 90…

    • Javier Tovar

      Exacto. La nostalgia es muy bonita pero hay que saber dejarla a un lado.

      De hecho, incluso hoy en día estamos viviendo el nacimiento de juegos que están siendo valorados por su capacidad de desarrollo de la industria más que por su propia calidad, aunque no nos demos cuenta. Véase The Last Of Us.

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