Los juegos indie más rancios, capítulo uno

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Hay juegos que son como un golpe en el dedo meñique del pie. Al principio no te das cuenta, pero progresivamente, vas notando el malestar hasta alcanzar el éxtasis de la jodienda. En el caso del impacto, se suele solventar dando saltitos a la vez que se maldice la propia suerte. Si tienes la desgracia de tener que hacerle frente a alguno de estos indies, lo mejor es conservar la calma y admitir con la máxima dignidad posible que acabas de ser víctima de la consolidación de una idea que, a buen seguro, comenzó a tomar forma a la cuarta o quinta copa de un whisky mal destilado en algún bareto de carretera.

Hace unos años, durante una cena de navidad con la familia, tuve la mala suerte de abrir un bote de paté. La desdicha no fue el hecho de desenroscar la tapa (con su clásico click que, a priori, indica que el contenido está fresco), sino que, apenas unas milésimas de segundo después, comenzó a llegarme un horrible olor a putrefacto que no se me despegó en toda la noche. No soy capaz de describir la expresión que adquirió mi cara en ese momento, pero seguro que fue muy parecida a la que puse al ver estas «maravillas». Si alguna vez tenéis la oportunidad de jugar a alguno de estos, es que estáis tomando decisiones muy equivocadas en vuestra vida.

Mysterious Blue Valley

Vídeo de Splazer Productions

Bueno… vamos a ver, por dónde empiezo. Hay que inflarse de valor para salir a la calle después de haber hecho esto. Hace unos meses, era posible encontrar cierta información de este juego en la página oficial de Xbox (algún que otro cachondo lo tildó de obsceno), pero algo ha debido de pasar, alguna bombilla se ha tenido que encender en las cabezas pensantes de la firma, que han «perdido» el contenido, y ahora lo único que aparece es un mensaje de sorpresa: «¡Vaya! ¿Dónde está esta página?».

Pues seguramente podamos encontrar esta pieza en el fondo del mar, ya que las sensaciones que produce al catarla es tan repulsiva que el único destino digno para ella es la oscuridad más infinita. Nada más comenzar, aparece una especie de Buda blanco con gafas que se hace llamar Mr. Money. Por si acaso nos quedaba alguna duda, esta grotesca aparición (que surge sin camiseta, con los brazos extendidos y que deja la duda de saber si lleva o no pantalones) nos aclara que es millonario.  El caso es que pregunta si queremos ser partícipes de alguna cosa que no queda muy clara, y de repente nos encontramos en el ¿fondo marino? con algún tipo de fin.

El caso es que la inmensidad marina que sugiere el título no es tal, y en su lugar, aparece una especie de acuario circular con una extraña plataforma en el centro, alrededor de la cual tendremos que ir recogiendo baldosas en un orden específico para mantener contento al patrón. Todo ello, acompañado de una musiquita retro que parece estar impuesta por necesidad, y que acaba condenada al silencio, víctima del botón del mute, por repetitiva y por insulsa.

Pero como no todo podía ser malo, hay que decir que el juego sí cumple con un prometido: la cuenca marina es azul, sin ningún tipo de duda. Hay mucho azul. Tanto, tanto, que si después de estar jugando un rato miras una pared blanca, terminas viendo verde.

No Luca No

Vídeo de Rooster Teeth

Lo más divertido de esta obra de arte es que te pidan dinero por jugarla. Voy a poneros en situación: tenemos una mesa, sobre la cual hay un cuenco lleno de cereales. El caso es que, de repente, aparece la fotografía de un gato que se va acercando a nuestra comida, y eso no puede ser. El objetivo es pulsar un botón en el momento justo para que el gato no llegue a lamer la leche, o lo que quiera que busque dentro del cuenco.

En un intento vano de hacerlo más ameno, el equipo de No Luca No decidió incluir un pequeño minijuego, una alternativa light para despejarse del entramado de la historia principal, que consiste en jugar con una pelotita hasta que vuelve a aparecer la fotografía del gato.

Podría intentar buscar argumentos para hablar bien o mal de este indie, pero es que no hay más. Eso es todo. Hay que apartar con la mano al gato. Imagino que sus creadores ya estarán trabajando en una nueva entrega, en la que los objetivos del minino sean más ambiciosos, como lanzarse a por el zumo o atracar un banco.

Las almas benevolentes de Xbox ofrecen la posibilidad de descargar una demo gratuita del juego (que prácticamente incluye todo porque la pieza no da más de sí), para darnos la oportunidad de gastar ese dinero en algo que verdaderamente merezca la pena. En chicles, por ejemplo.

Publicado el 08/10/2014 en Píxel de autor y etiquetado en , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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