To the moon

Pixel_Autor

El eneldo es un hierbajo del Mediterráneo que posee una de las características culinarias más características del mundo: su sabor es a la vez dulce y amargo. Si fuese canción, sonaría Un beso y una flor. Si se pudiese extraer en tinta de esta planta se escribiría El niño con el pijama de rayas. Si tuviese alma tomaría la forma de Robin Williams. Y si hay algún juego que huela a eneldo, es To the moon.

Tal vez estoy exagerando. Confieso que estoy escribiendo en caliente, mientras escucho la emotiva banda sonora del juego. La música es importante. La melodía no está incrustada en la pieza, sino que armoniza y acompaña la historia de los protagonistas, de la doctora Eva y su compañero Watts. De cómo ambos se adentran en el pasado del ya moribundo Johnny para que este pueda conseguir su sueño de viajar a la luna.

Este es el juego del «me lo sugirieron en algún sitio que ya no recuerdo y lo probé». Es un paréntesis en la vida de cualquiera, por el hecho de que una vez empezado, es prácticamente imposible despegarse hasta que lo terminas. Como una novela con la que, sin darte cuenta, se te han hecho las tres de la mañana, con esa fuerza que te obliga a continuar con esta vuelta atrás, esta estructura inversa que se atraviesa en algo menos de cuatro horas y que finaliza dejando un vacío ensimismado.

Y cuando terminas, a lo primero que te induce es a pensar. La vida gira 180 grados a cada paso que se da, hay espectros de los doctores Eva y Watts en cada vida humana.  Y dices, ¿hubiese escrito Cervantes El Quijote si no lo hubiesen encarcelado? ¿Acaso habrían adquirido las obras de Wölfli esa magnificencia de no haber sido por su terrible infancia? ¿Hubiese terminado Julio Iglesias siendo futbolista de éxito de no ser por el accidente que truncó su carrera deportiva? ¿Habría dejado Lenon la banda si no hubiese conocido a Yoko Ono?

Otra cosa es el amor. Otro pilar fundamental de To the moon. Porque sin el amor de y hacia River no se entiende el juego, no hay lugar para la trama. Es el personaje esencial, porque alrededor de él baila todo, y de su existencia (o no) dependen las decisiones de Johnny. El rompecabezas que hay que resolver para entender qué es lo que está pasando a cada momento, a veces es crucial y a veces permanece ajena.

La jugabilidad es nula. Casi molesta el hecho de tener que pulsar las teclas. Aquí lo esencial es el diálogo y la historia que se desarrolla. Lo demás no importa. No hay que derrotar a ningún villano. No hay que conseguir dinero. Tampoco salvar a ninguna princesa. Estás tú, haciendo lo posible para que el pobre viejo sea capaz de conseguir el extraño deseo de pisar el satélite.

Dijo Joaquín Sabina en una de sus canciones aquello de «al lugar donde has sido feliz no debieras tratar de volver». Como todo en esta vida, no es una verdad universal. Yo jugué a To the moon por primera vez hace algo más de un año, y hasta hace unos días no le había quitado el polvo. Obviamente, las sensaciones de aquella primera vez no las volví a sentir. Posiblemente nunca vuelva a emocionarme así con un juego. Pero al volverme a sumergir en la historia de Johnny me sentí de alguna manera nostálgico, y feliz.

Publicado el 21/01/2015 en Píxel de autor, Uncategorized y etiquetado en , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: