A bird story

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Imagino que no fui  el único que esperó con muchas ganas la llegada de la nueva pieza de Kan Gao, sobre todo después del éxito que supuso To the moon para el género indie. Pero como suele pasar, el juego se vio superado por la expectativa que se había creado a su alrededor. A bird story es un “intento de” en sí mismo, aunque no sé de qué. En definitiva, un sucedáneo de lo que fue su predecesor.

En este caso, el propio título dice prácticamente todo lo que se necesita saber para ponerse en situación. La cosa va de un pájaro. Si el usuario va un poco más allá y se fija en la escena del menú inicial, en el que aparece un niño en un balcón, será capaz de deducir que el pájaro tendrá algún tipo de relación con el niño. Una vez conocido el contexto, lo que viene después se puede intuir prácticamente en su totalidad.

A bird story

El hecho de que uno de los protagonistas sea una mascota ya dice mucho de las intenciones de Freebird Games. Nos avisa desde el calentamiento que el juego va a ser sensiblero. Nos acordamos de Willy, ese hámster tan mono que se cayó a la freidora en un despiste; o de Pipa, la tortuga que un día se escapó y jamás volvió y en realidad está muerta y tu madre aún no ha tenido el valor de decirte la verdad. Con perdón.

Pero la realidad fue otra completamente distinta. La historia en general resulta bastante plana desde el mismo comienzo. El protagonista, un jovencito del cual no llegamos a saber ni el nombre porque no hay ni un solo diálogo en todo el juego, salva a un pájaro de un animal físicamente indescriptible que lo persigue. De un punto a esta parte ya hay varias anécdotas sentimentalistas. El niño vive prácticamente solo, porque los padres nunca están en casa por algún motivo no especificado. En la escuela es un marginado, no tiene amigos. Y para colmo, el pájaro tiene un ala rota. ¡Oh, señor, cómo puede aguantar una persona tanto sufrimiento!

Como no podía ser de otra manera, el grueso del asunto va envuelto en una acertada conjunción de música melodramática y escenarios grisáceos. Un embutido de lágrimas a priori perfecto, pero que no sabe a nada. La comparación con To the moon es odiosa, y se le echan enfalta giros de guión y sorpresas que sí tenía el título anterior.

A bird story

En lo que no tiene nada que envidiarle a su predecesora es en la jugabilidad. Sigue siendo inexistente. En el 99% de las veces, las teclas solo tienen que ser pulsadas para que el pequeño vaya del punto A al punto B. Un mero trámite para que la trama avance. En un intento de dotar a este RPG de más dinamismo se les ocurrió montar al chico y al pájaro en un avión de papel gigante en el que viajan a ninguna parte y que tampoco da más de sí.

Por destacar algún elemento, hay que hacer mención especial a la música, que aunque recuerda bastante a las melodías de To the moon, sigue atrapando y encandilando a todo el que la escucha. Un nuevo sobresaliente para Gao en el único apartado verdaderamente acertado del videojuego.

Y poco más hay que decir.  Para el que lo quiera, está a poco más de cuatro euros en Steam. Por lo pronto habrá que esperar a ver si se animan a desarrollar una nueva aventura de este entrañable universo. Dicen por ahí que ya están preparando una nueva entrega más acorde con la primera, pero no seré yo el que vaya aireando rumores. ¿O ya lo he hecho?

Publicado el 18/02/2015 en Píxel de autor, Uncategorized y etiquetado en , , , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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